Mi amigo Jesús volvió de uno de sus viajes por el mundo con una cometa con forma de águila. Fuimos al mar a volarla. La cometa era un águila de alas azules, naranjas y negras.

A Jesús le encanta volar cometas; mientras lo hacía me contó que hasta los 29 escribía poesías. Ahora se agota antes de escribir, se cansa antes de hacerlo, por eso no lo hace.

Le comprendí bien, porque muchas veces he funcionado así, por ejemplo, cuando quiero ordenar mi habitación. Me agoto antes de tiempo viendo la ropa, los libros, los cuadernos, los papeles…

Y es que, como bien le enseña Bepo el barrendero a Momo, lo mejor es mirar a cada rato lo que se tiene delante.

Vamos a ver cómo se traduciría esto a la escritura a través de un ejercicio de escritura creativa que te animamos a hacer.

  1. Coge papel y boli.
  2. Respira, suelta, relájate.
  3. Deja a un lado ahora toda preocupación.
  4. Respira de nuevo (lo más profundamente que puedas).
  5. ¿Qué es lo primero que te viene a lamente? No le busques sentido. Si es una palabra, escríbela, si es un recuerdo, una idea, una reflexión, lo que sea, escríbelo. Solo eso.
  6. Sigue escribiendo unos minutos sin pensar en nada más que en lo que tienes delante, ahí no hay miedo.
  7. Lee lo que has escrito y, si te gusta, guárdalo. Y si no, tira el papel o déjalo para reciclaje.
  8. Has escrito. No importa qué ni cómo. Has escrito, así que, celébralo.