Cualquier relación que queremos que prospere, según mi forma de verlo, necesita un poco de amor.
Con el tiempo he aprendido que el amor, no es, como creía en la adolescencia, un flechazo. A pesar de que me encanta Cortázar y todo lo que dice, a pesar de que amo su: “Como si no fuera un rayo que te parte en mitad del patio” cuando habla de amor, he llegado a comprender que el amor se parece más bien a una planta, a una semilla que, para que florezca, necesita unos mínimos cuidados.
Los mismos ingredientes que aplicaríamos a un relación de amor floreciente podríamos volcarlos a nuestra relación con la escritura.
Para empezar, si tenemos un amor, hemos de cuidarlo. Y ¿qué significa eso? Pues en pocas palabras y de forma resumida: necesitamos dedicarle un poco de tiempo, es decir, escribir y disfrutarlo.
Traducido a la escritura, si queremos escribir, necesitamos dedicarle tiempo y, a ser posible, disfrutar ese tiempo que estemos a solas con nuestra escritura. Desnudarnos en la intimidad con nuestros cuadernos, papeles, letras, historias y darnos placer.
Y para ello es importante darnos un Sí quiero.